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El mundo «global»: nuevos saberes para los periodistas

Las diferencias culturales que pusieron trabas a la comprensión del conflicto árabe-israelí marcan la necesidad de que los periodistas manejen nuevos saberes, si es que quieren comprender la realidad que hace a los diferentes hechos. Cabría señalar aquí el comentario de Simón SERFATY, que señala como una limitación del trabajo periodístico el desconocimiento de muchos de los temas que impone la realidad global. Explica que "en la actualidad, (los periodistas) pueden verse superados por el ritmo de los acontecimientos. Presionados a entregar un flujo permanentes de crónicas que compiten por la primera plana, carecen del tiempo indispensable para reunir o asimilar los antecedentes respectivos. La noticia puede estar fechada en Tokio o Teherán, pero estar redactada sin un conocimiento adecuado del idioma en cuestión o un contacto previo con la cultura correspondiente" (SERFATY, 1995, p.352).

En este sentido, REYES MATTA plantea que el periodismo debe cambiar para adaptarse a las nuevas condiciones de globalización de la información, la economía y los conflictos, y trabajar sobre una pluralidad de fuentes, sin sujetarse a la información oficial. La prensa debe saber que trabaja para audiencias crecientemente fragmentadas, ya sea cultural como económicamente (REYES MATTA, 1992).

La prensa argentina construyó el atentado según los esquemas habituales del trabajo periodístico. Para saber "quién" había cometido el atentado y "porqué", se vio restringida a las fuentes oficiales argentinas. Sin embargo, hay que recordar que el atentado a la AMIA llegó en forma repentina, sin dar tiempo a cambios importantes en la forma de trabajo. Pero esta cobertura debería servir para alentar al periodismo a saberes más especializados, como los que se hubieran necesitado para cubrir el atentado. Por otro lado, las fuentes disponibles en el caso AMIA fueron opacas, y no sólo eran exclusivamente nacionales y oficiales, sino que además eran pocas. Como los medios necesitaban la información, y dada la complejidad del hecho, las fuentes oficiales recurrieron a las informaciones "off the record" que luego eran publicadas, ya que era muy difícil para el periodismo poder chequear -por ausencia de fuentes alternativas- la veracidad de las informaciones. Obviamente, los terroristas no pretendieron aparecer por los medios argentinos, lo que hizo que la única manera de equilibrar las noticias -el "dejar hablar a las dos campanas"- fuera dar espacio a los sospechosos; en este caso, a los diplomáticos iraníes.

En el caso de la AMIA, la internacionalización del conflicto puso en juego muchos problemas. La sorpresiva aparición del fenómeno terrorista islámico, que no fue producto de un proceso social local de largo plazo sino de un "estallido" que en nuestro país nadie esperaba, no permitió que el periodismo pudiera reacomodar sus instrumentos de investigación e información. Esta aparición repentina implicó que:

  1. las pistas trabajaron aspectos del imaginario social que ya se encontraban consolidados, como la peligrosidad de la fronteras -y, por lo tanto, de los países vecinos- y el exotismo e "intolerancia" de los países árabes (los "otros", los desconocidos, los diferentes).
  2. el trabajo periodístico sobre el atentado se ajustó a los esquemas habituales de manejo de noticias. Las fuentes pasaron a ser nacionales y las notas se centraron en una rutina de seguimiento de las pistas judiciales. Las condiciones de globalización de la información, la economía y los conflictos, en cambio, se han transformado en verdaderos marcos de interpretación de una gran serie de fenómenos culturales.

El caso AMIA es un ejemplo de cómo es imposible entender un problema que, a pesar de haber sido incorporado a la agenda interna, para ser explicado necesita ser remitido a conflictos con una larga historia, y que surgieron en el exterior. No es el único caso: las migraciones, la desocupación, la integración económica vía Mercosur, las "autopistas informáticas", por ejemplo, son algunos de los temas que, para ser comprendidos, deben ser contextualizados en marcos globales que rebasan nuestras condiciones políticas internas. Un periodismo no actualizado a estas circunstancias de globalización parece poco viable.

Un problema realmente grave fue cómo reflejar la imagen del "enemigo". Los principales datos sobre las características del terrorismo islámico provenían de medios extranjeros, agencias de noticias o de servicios de inteligencia. Los medios argentinos, por razones económicas y geográficas, no tienen corresponsales en la zona en Medio Oriente. Aquí entra un problema que ya ha sido trabajado por las investigaciones de agenda setting: "Ha ido creciendo en las sociedades industriales del capitalismo maduro, ya sea a causa de la diferenciación y de la complejidad social, ya sea también por el papel central de los mass-media, la presencia de secciones y paquetes de realidad que los sujetos no experimentan directamente ni definen interactivamente a nivel de vida cotidiana, sino que viven exclusivamente en función de o a través de la mediación simbólica de los medios de comunicación de masas". (GROSSI, 1983, citado por WOLF, 1991, p.165) Existen motivos políticos, geográficos, económicos y culturales que condicionan la comprensión por parte de la prensa argentina del problema árabe-israelí. Esas dificultades buscan ser salvadas apelando a relatos de terceros -medios extranjeros de países involucrados o no en el conflicto; servicios de inteligencia-.

Los medios nacionales tienden así a glosar en su mayoría información elaborada por otros, de la misma forma que la mayoría de las informaciones que recibe el público se refieren a hechos de los que no participa activamente. Aquí cabría recordar la afirmación de ROBERTS: "En la medida que el destinatario no está en condiciones de controlar la exactitud de la representación de la realidad social, sobre la base de ningún estándar al margen de los media, al imagen que se forma mediante esta representación acaba siendo distorsionada, estereotipada o manipulada". (ROBERTS, citado por WOLF, 1991, p.164) El público carece de medios para verificar cuánto hay de cierto o de falso en los que se le cuenta (y qué cosas no se le cuentan), pero "salva" este inconveniente al confiar en la credibilidad del medio o del periodista. De la misma manera, los medios argentinos debían interpretar qué era lo que había llevado a un grupo islámico a atentar contra un objetivo israelí en esta parte del mundo a partir de una visión mediada -y mediatizada- por otros. Los mismos periodistas argentinos eran receptores de informaciones que tenían como único estándar de credibilidad el haber sido emitidas por otros medios del extranjero, y repetían así el problema de la tesis que las investigaciones de agenda-setting atribuían al público.

Una nueva agenda para los medios

El periodismo opera en el espacio público, y define la importancia de su tarea en mantener correctamente informada a la opinión pública. Sin embargo, no parece haber mecanismos directos por los cuales el periodismo pueda conocer a su público. "Los cánones del periodismo se originaron en y se dirigen a la relación entre prensa y público (...) Pero en realidad el periodismo parece no saber que es el público y dónde se lo encuentra" (MARTINI, 1995a, p.5). En el caso del atentado a la AMIA , el recurso de "mucha infomación" no promovió la sensación de una sociedad bien informada. Es decir, más información no parece tener como consecuencia que se produzca más debate público. adecuado.

Es aquí dónde entra a jugar el concepto de derecho a la información, tal como lo señala Alain MINC: "el derecho a la información se deslizó, sin exigir puerto, entre los derechos del hombre modelo fin de siglo: con el mismo estatuto que las viejas libertades políticas y en un lugar mucho mejor que el de los derechos sociales de la posguerra. Para nosotros, inconscientemente, información rima con democracia y una información abundante con una democracia más grande. La idea ya adquirida es que cuanto más informados estamos, nos volvemos mejores ciudadanos. Es una petición de principios. ¿Que información? ¿Analizada a través de que filtro? ¿Enraizada en cuál cultura? ¿Reescrita en nombre de que historia? Interrogaciones elementales que no se toman en cuenta. Los medios se cuidan bien de no abrir el debate" (MINC, 1992, citado por MARTINI, 1995, p.6).

El papel del periodismo como mero informador -y no como elemento dinamizador del debate público- está siendo crecientemente cuestionado. Al respecto, ROSEN cita una afirmación de LASCH, que afirma que "el trabajo de la prensa debe ser estimular el debate, no proveer de información al público" (LASCH, citado por ROSEN, 1994, p.17). Los errores de los medios, las contradicciones entre muchas de las informaciones sobre los "responsables" del atentado, muestra una escasa predisposición a estimular el debate público. El debate apareció en los medios como polarizado: "si hay o no seguridad en la Argentina", "si los árabes son buenos o malos", etc. Estos hechos están erosionando la autoridad de los periodistas como observadores "capacitados" de ver la realidad -o, al menos, más capacitados que el común de las personas-.

El papel de la prensa no termina en informar lo antes posible "quien lo hizo" o "por qué". En nuestro tema, se trataba de estimular una discusión en la sociedad que revisara la amplia serie de temas y problemáticas que involucró el atentado. El periodismo debería construir una nueva agenda pública, una agenda pública que no se centre exclusivamente en la cantidad de información sino que dé prioridad al papel del periodista como activador de la discusión público. En todo caso no sólo se trata de vigilar a los políticos y atacar con dureza sus errores, sino también proponer modelos de acción que favorezcan la discusión -y no sólo la circulación- de los temas claves de la vida democrática.

La actitud del periodismo de "oposición" puede terminar, tal como hemos visto, en una situación gravemente contradictoria, que tiene, como ejemplo más notorio, a Clarín: por un lado, el diario suele publicar notas que dejan mal parado al gobierno o a miembros de éste (Cfr. Pierri en el centro Marc Chagall y la recriminación del diario al gobierno cuando la justicia dijo no tener pruebas para procesar a los diplomáticos iraníes); por otro, el matutino construye una pista de acuerdo con lo que le dicen las fuentes oficiales, aceptando, inclusive, datos dudosos y relativizables. Arma así una investigación que muestra a la justicia y a las fuerzas de seguridad en plena acción, trabajando en forma seria y sobre pistas firmes para atrapar a los culpables. Para cuando la justicia admitió que los indicios no eran relevantes, el período álgido de la cobertura había pasado, y con él, el momento políticamente más comprometido para el gobierno. De nada vale declamar nuestra independencia, o enojarnos, si las rutinas de trabajo del periodismo nos terminan haciendo cautivos de la información oficial. Con respecto al periodismo norteamericano, ROSEN hace una afirmación que podría extenderse a nuestro medio: "el instinto del periodista -¿o será necesidad?- de herir y humillar también podría ser una reacción a su rutina de trabajo, que conduce a que los reporteros tengan una dependencia neurótica de los mismos funcionarios que intentan destrozar cuando ocurre un error o surge un escándalo. Resentidos por la manipulación constante de que son objeto por parte de políticos y coordinadores, los periodistas contraatacan cuando pueden, intentando humillar a personas a quienes han tenido que suplicar les den noticias" (ROSEN, 1994:12).

Algunos de los puntos fundamentales que debe trabajar un periodismo más pluralista y comprometido con la vida pública han sido descriptos, entre otros, por Dennis McQUAIL (1993). Tomamos esos puntos para desarrollar algunas de las conclusiones de este trabajo.

1) Necesidad de muchas y diversas fuentes.

La responsabilidad del diario es con el público, y no con la fuente; si miembros del gobierno o la justicia utilizan un acuerdo con los periodistas -que no se dará a conocer su nombre o que no de le atribuirán las declaraciones- para divulgar sus teorías personales sobre un suceso, no es posible que el público pague las consecuencias, al recibir mala información. El abuso del recurso del "off the record" puede ser realmente peligroso.

2) Diversidad de contenidos

3) Tener en cuenta lo variado e impredecible de la recepción y por tanto de los efectos de la información, las diversas formas de apropiación de sentido.

Este trabajo se propuso mostrar, a través de un acontecimiento-noticia paradigmático, que la prensa tiene un papel clave, con la forma en que brinda información, en el tipo de información que construye, en la constitución del debate público y de los imaginarios que circulan en la sociedad. No se trata de exagerar el papel de los medios, y olvidar las interacciones directas entre las personas o devaluar la resignificación de las noticias que se opera entre los receptores. Los medios van a jugar un papel central -pero no por eso exclusivo- en la cobertura de muchas de las series que aparecen en este trabajo: globalización, debate público, multiculturalismo, tolerancia. Se trata, al fin y al cabo, de no repetir errores, y comprender que es necesaria una mejor prensa, más pluralista y competente, para permitir el debate de los temas centrales que importan a la sociedad.

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